Esplendor, crisis y reconstrucción
de la alternativa comunista
4. El marxismo no ha fracasado ni podido hacerlo porque aún no ha terminado de ser conocido en su totalidad material y teórica
Antes de hablar de "fracaso del marxismo" hay que precisar de qué marxismo hablamos. Tenemos dos formas de solucionar esa cuestión: una, la del saber establecido, consistente en coger los textos de los autores en cuestión, tal vez contextualizarlos ligeramente, ubicarlos en su tiempo y espacio de forma superficial, y después hacer una lectura formalista, lineal, literal de ellos. Una característica suya es comparar trozos de textos, frases sueltas incluso al margen de las distancias de tiempo que separan a las diversas publicaciones buscando contradicciones entre ellos. Otra es leer esos textos desde el presente, habiendo hablado antes un poco del tiempo y del marco del autor para salvar la imagen del crítico, pero buscando antes que nada demostrar que el autor criticado se equivocó o está definitivamente superado. Este método es muy común y se ha utilizado muy frecuentemente contra el marxismo, mejor decir contra las obras de Marx y Engels.
Otra forma es considerar a los autores analizados como sujetos inmersos en su época, receptores de sus logros y deficiencias y capaces de aportar ideas importantes para el presente. Este método exige de una cuidadosa ubicación histórica de las obras de esos autores, de sus diversas finalidades y objetivos, de las innovaciones que suponen con respecto a las anteriores y de la coherencia que mantienen con respecto a una continuidad o estructura de pensamiento de esos autores, si es que la tienen. Partiendo de ahí, se puede descubrir esa estructura o ese método, ese sistema y enjuiciarlo.
No estamos ante una discusión tonta. Se refiere a un tema clave: la capacidad del pensamiento dominante para tergiversas a los autores que no dicen lo que el poder quiere oír. Recordemos, por ejemplo, el caso de Freud y las mil y una trampas del academicismo oficial para tergiversar su obra, sobre todo su primera y fundamental parte. Recordemos también la rapidez con la que el pensamiento burgués desnaturalizó la obra de Darwin y, a partir de ahí, construyó esa aberración racista llamada "darwinismo social". Ambos ejemplos indican la capacidad de mentira, falsificación y ocultación del saber academicista. Y eso que Darwin y Freud daban posibilidades suficientes para ser manipulados. Decenas de autores revolucionarios o simplemente críticos e incómodos ni siquiera han tenido la "suerte" de ser manipulados, sencillamente han sido marginados y desconocidos. Muy pocos, contadísimos, han logrado romper las censuras burguesas y casi siempre gracias a los esfuerzos denodados de editoriales progresistas.
De hecho eso fue lo que les ocurrió a Marx y Engels durante toda su vida. Ambos amigos, y en las páginas que siguen no vamos a hacer distingos de autoría entre sus obras pues casi todas ellas se escribieron en estrecha colaboración, fueron unos perfectos desconocidos para el academicismo burgués hasta el final de la I Guerra Mundial. Hasta entonces los debates sobre sus ideas eran exclusivamente internos al movimiento revolucionario sobre todo hasta 1900. Unicamente tres pensadores burgueses de envergadura para su época se dedicaron después de 1900 al estudio y crítica del marxismo: Masaryk, Böhm-Bawerk y Croce. Solamente conforme se expanden por Europa las oleadas revolucionarias de 1917-23, la gran crisis socioeconómica de 1929 y la crisis sociopolítica de los años '30, así como las luchas antiimperialistas crecientes en todo el planeta, sólo entonces, la burguesía se preocupa en serio por desacreditar teóricamente al marxismo. No hace falta decir que los conocimientos sobre Marx y Engels de dos autores decisivos para el pensamiento burgués "democrático" como Weber y Keynes, eran escandalosamente pobres y deficitarios y, sin embargo, los superficiales párrafos de ambos autores sobre el marxismo han sido y son considerados como el no va más del descrédito definitivo del marxismo.
Pero tamaña ignorancia sigue en la actualidad por una simple razón: no existe las Obras Completas de Marx y Engels. Todavía hay una gran masa de manuscritos sin publicar y mucho menos pulir, borradores de la mano de Marx sobre todo. Solamente en los años '20 se comenzó a publicar sus obras con alguna sistematicidad. El filósofo húngaro Lukács dijo en una conversación con el filósofo alemán Abendroth que el director del Instituto Marx-Engels de Moscú, encargado por el PCUS de recopilar todas las obras de ambos amigos, Riazanov, le había confesado al final de los años '30 que los manuscritos borradores de El Capital permitían una edición de 10 "gruesos volúmenes": hasta ahora sólo se conocen cuatro. Las Obras Completas en alemán editadas por Riazanov fueron suspendidas sin razón alguna en 1935 cuando sólo se había publicado 12 volúmenes de un total previsto entonces de 40. Por su cuenta, Riazanov publicó algunos más pero en ruso. A principios de los '70 se pensó publicar 100 volúmenes entre la URSS y la RDA, pero sólo han aparecido unos pocos.
¿Qué pensaríamos nosotros si nos dijeran que quedan aún por publicarse muchísimos textos de Darwin, Freud, Einstein, Heisemberg, Weber, Keynes, Descartes, Copérnico, Galileo, Bacon, Hegel, Kant, Newton, Hobbes, Rousseau, Locke, Hume, Maquiavelo...? Sin embargo ésta es sólo una parte del problema, quedan, entre otras, dos importantes: los textos que se publicaron en vida de ambos revolucionarios fueron muy pocos, impidiendo así una revisión definitiva última antes de imprimirlos de los restantes, que son la mayoría, conforme al verdadero pensamientos y deseo de los autores y, además, esa limitación hizo que la demanda se supliera con versiones de terceros autores y textos de otras corrientes próximas y que, encima, los debates fundamentales sobre las cuestiones que enfrentan antagónicamente al marxismo originario del pensamiento burgués se libraran con una muy pobre base teórica originaria de Marx y Engels. Detengámonos un poco por la innegable importancia de estos asuntos.
De las más importantes obras escritas antes de la revolución de 1848, sólo el "Manifiesto Comunista" fue reeditado antes de la muerte de Marx. El resto, "La Sagrada Familia", "La Ideología Alemana", "Miseria de la Filosofía", "La Situación de la Clase Obrera en Inglaterra", etc., permanecieron sin reeditarse en vida de Marx y su difusión fue extremadamente reducida en los decisivos años de los debates estratégicos, como veremos. Algunos textos posteriores se publicaron en muy pequeñas tiradas hasta algo pasados los '50 como "Las Luchas de Clases en Francia", "El 18 Brumario" que fue reeditado en 1869, "La Guerra de los campesinos en Alemania" y también "Revolución y Contrarrevolución en Alemania". Después, las obras publicadas siguen siendo pocas y de tiradas muy reducidas como "Contribución a la Crítica de la Economía Política" en 1859, que no fue reeditada, "El Capital" vol. I en 1867, algunos escritos muy cortos y el "Anti-Dühring" en 1878.
De este modo, cuando se estaba produciendo el nacimiento y posterior ascenso impresionante de los partidos socialdemócratas, los textos marxistas disponibles se reducían a una miseria: el "Manifiesto", "El Capital" en su vol. I y "La Lucha de Clases en Francia", fundamentalmente. La reducción a tópicos y simplismos que negaban la rica y compleja diversidad de las ideas marxistas originarias era tan grave en esos años, y tan imparable, que el propio Marx dijo cabreado y amargado que él "no era marxista".
Entre la muerte de Marx en 1883 y la de Engels en 1895, éste último hizo un esfuerzo desesperado en dos sentidos: luchar contra la degeneración mecanicista y economicista que se iba imponiendo en los partidos socialdemócratas bajo el impacto de la ideología burguesa, el positivismo cientifista, y reeditar las obras de Marx. Al final de sus días, Engels había logrado reeditar o publicar por primera vez 10 títulos escritos por ambos amigos, de un total verdaderamente impresionante. Dejando de lado el debate sobre el engelsismo y las posibles intoxicaciones introducidas por éste al limpiar y ordenar las montañas de manuscritos casi ilegibles, muy complejos y de una aspereza teórica que sólo él podía comprender y digerir, lo cierto es que a finales del siglo XIX el marxismo estaba en clara minoría frente a la fuerza de una ideología socialdemócrata "marxista" en apariencia pero profundamente burguesa en su ideología sustantiva, como se demostraría sólo 14 años después, en agosto de 1914.
Un ejemplo de las fuertes presiones que limitaban la publicación de las obras marxista es la suerte que sufrió una de sus mejores obras de análisis histórico-concreto, "La Diplomacia Secreta", de tanta o más calidad que el "18 Brumario..." y otras. "La Diplomacia...", que analizaba documentadísimamente la larga historia rusa, fue escrita en 1857 y publicada en 1899 pero censurados varios párrafos del V cpt. La censora fue su hija Eleanor. La obra no fue publicada nunca en la URSS y su publicación entera se produjo en 1954 en francés, en 1968 en inglés, en 1978 en italiano y en 1979 en castellano, siempre por grupos minoritarios y en medio del silencio o rechazo del "marxismo" oficial.
La socialdemocracia, sobre todo la alemana, era una máquina burocrática incontrolable para los muy contados lectores profundos y sistemáticos de las pocas obras marxistas publicadas. Por ejemplo, ya en 1891, vivo aún Engels, Kautsky hablando con Victor Adler de los debates sobre el programa de Erfurt se refería a ellos mismos como el "grupo marxista" dentro del partido. El mismo Kautsky, redactor oficial del "Programa" tuvo que hacer grandes concesiones a la línea lasalleana mayoritaria en el partido. Los lectores de la revista teórica Neue Zeit eran sólo 3.000 a comienzos del siglo XX y con el espectacular crecimiento del partido, en 1905 de entre los 400.000 afiliados sólo 6.000 estaban suscritos a Neue Zeit. Pero la situación era todavía peor, porque Neue Zeit y las editoriales del partido publicaban fundamentalmente textos de divulgadores que si bien tenían la calidad de Kautsky, Bebels y otros, no poseían las capacidades creativas de Marx y Engels. Por ejemplo, en 1905 la tirada media de cada edición del Manifiesto no llegaba a 3.000 ejemplos mientras que el libro de Kautsky la "Revolución Social" tuvo 28.500 en 1903-05. Por su parte, el libro de Bebel "Christenthum und Sozialismus" tuvo una tirada total de 57.000 ejemplares entre 1898 y 1903, y el "Programa de Erfurt" tuvo una distribución de 120.000 ejemplares.
Aún y todo así, esas grandes tiradas no podían ocultar un hecho cierto constatado en un sondeo interno realizado en la socialdemocracia alemana en 1905: la mayoría de los libros cogidos en las bibliotecas del partido no eran leídos por sus suscriptores. Esta misma dejadez se descubrió en un sondeo realizado en el fortín del socialismo italiano, Milán: de los 264.000 libros prestados en 1910 en las bibliotecas socialistas, repartidos en un 44% entre obreros y un 32% entre estudiantes, no existía ningún libro de Marx y Engels. Todos los partidos obreros tenían divulgadores más o menos fieles y voluntariosos de los clásicos marxistas: Guesde y Lafargue en el Estado francés, Gorter en Holanda, Plejanov en Rusia, Pablo Iglesias en el Estado español, Labriola en Italia, Debs y De León en EEUU. Y especialmente Kautsky que dominaba sobre todos ellos, quien con su manual "La Doctrina Económica de Carlos Marx" editado en varios miles de ejemplares formó a muy pocos centenares de militantes, bastantes de los cuales pertenecerían a la izquierda marxista a partir de 1914. Esa desproporción entre tirada y lectura, confirmada en la mínima asistencia a los cursillos de formación teórica que organizaba Neue Zeit cuando la afiliación del partido tenía un millón de miembros y el periódico había llegado a 10.000 subscriptores, es decir, un pelado 1%, era sólo una expresión de un problema gravísimo: el reformismo y burocratismo de la socialdemocracia.
La socialdemocracia alemana era el faro guía de todo el movimiento obrero. Pero ya en 1890 era un partido muy separado de la realidad cotidiana del movimiento obrero alemán. En 1890 de sus 35 parlamentarios sólo cuatro eran trabajadores directos, dos eran jubilados, un era maestro sastre, otro era funcionario del partido y los 27 restantes eran de la pequeña y mediana burguesía. La fuerza del ala derecha del partido era suficiente como para que en los debates parlamentarios de 1891 el socialdemócrata Grillenberger pudiera afirmar que su partido no se había vinculado a las ideas de Marx. Ya en 1892 durante el Congreso de Berlín, se propuso controlar los sueldos de los funcionarios del partido, pero la propuesta fue rechazada. En 1897, en el Congreso de Stuttgart, el dominio de esa casta burocrática era tan fuerte que Liebknecht comentó que deseaba una nueva represión antisocialista para que, así, los burócratas abandonasen el partido y los revolucionarios pudieran levantar cabeza. Pero entre 1900-14 el número de burócratas se triplicó con respecto al de militantes de base. En 1911, en el Congreso de Jena, apenas el 10% de los delegados eran trabajadores en activo y el resto burócratas.
Por mucho que Neue Zeit y los despectivamente apodados "teóricos" se esforzasen en expandir las obras marxistas, la dinámica real del partido iba en sentido contrario. Incluso se permitió el lujo de ocultar, censurar y tergiversar el llamado "testamento de Engels", interpretándolo en sentido reformista, pacifista, evolucionistas y gradualista. En realidad, la socialdemocracia como organización estaba enfrentada al marxismo en la práctica y en la teoría desde hacía bastante tiempo. Lo que ocurría era que, por diversas circunstancias, a la mayoría reformista no le interesaba romper pública y abiertamente con el pequeño "grupo marxista". Cuando Bernstein atacó directamente a Marx recibió un sabio consejo de un oscuro pero poderoso burócrata: "esas cosas se hacen pero no se dicen".
A lo largo de estos años tomó cuerpo una teoría socialdemócrata, burguesa, antagónica con el marxismo en tres cuestiones decisivas: la teoría del valor-trabajo; la filosofía dialéctica y la función del Estado y de la violencia revolucionaria. Lo más grave, además de esto, era que los herederos intelectuales de Marx y Engels, Kautsky en primer lugar, fueron incapaces de romper con la ideología evolucionista y positivista dominante, de modo que sus críticas al triple ataque burgués eran, de un lado, defensivas, de otro, superficiales porque no podían llegar al fondo del tema en cuestión por la similitud ideológica subterránea y, por último, inservibles en la práctica por el dominio de la burocracia en la marcha del partido y porque ese "grupo de teóricos" carecía de independencia organizativa para forzar debates amplios.
No es por tanto extraño que la inmensa mayoría de revolucionarios que en agosto de 1914 se vieron enfrentados al hecho consumado de la "traición" de prácticamente todos los partidos socialistas y socialdemócratas que pasaron a apoyar incondicionalmente a sus burguesías respectivas en la guerra interimperialista de 1914-18, se llevaron una demoledora sorpresa. Lenin, por ejemplo, sufrió tal impacto político-emocional que tardó algunos días en recuperarse. Lenin, como el resto, se formé en la escuela de Kautsky y cuando la debacle le zarandeó como a una caña comprendió que prácticamente la totalidad de su formación apenas servía para algo. Es cierto que desde la pasada revolución de 1905 había surgido una corriente izquierdista en la que él, junto a Rosa Luxemburg, Trotsky y pocos más, componían un prometedor colectivo de innegable valía, pero, ninguno de ellos se libró de la crisis, lo que indica su dependencia hacia la socialdemocracia como mito referencial. La guerra de 1914-18 no hizo sino empeorar las condiciones de publicación y estudio profundo de los clásicos marxistas.
La victoria bolchevique de 1917 abrió de par en par la puerta al conocimiento del marxismo y a su profundización. Pero fue durante muy pocos años y en unas condiciones de precariedad por la extrema dureza de la contrarrevolución zarista, que contó con el apoyo de 12 ejércitos capitalistas extranjeros, y las angustiosas limitaciones económicas imperantes. Aun y todo así, el peor enemigo del marxismo surgió de la propia burocracia stalinista. En 1917-23 el clima social de debate teórico fue impresionante en la URSS y en las organizaciones revolucionarias de otros países. No hubo ningún problema estructural del capitalismo que no fuera objeto de profundas investigaciones críticas y de enconadas discusiones. Pero, desde 1924 se empezó a imponer un control global creciente que para 1927 devino en prohibición global que, entre muchas barbaridades produjo la de prohibir el impresionante libro de J. Reed "Diez Días Que Estremecieron al Mundo", prologado y fervientemente aconsejado por el mismo Lenin. Desde comienzos de los '30, en una represión creciente. Para entonces las obras de Trotsky, Rosa Luxemburg, Korch, Lukács, Pannekoek, Gorter y un largo etcétera habían desaparecido de bibliotecas y tiendas, sin nombrar a las de otras corrientes revolucionarias como anarquistas, socialrevolucionarios, etc. Para mediados de los '30 habían desaparecido las obras de Bujarin, Zinoviev, Kamenev, Preobrajenski... El llamado "testamento de Lenin", en el que éste pedía la destitución de Stalin del cargo de Secretario General, fue silenciado durante décadas.
Riazanov, amigo personal de Lenin, conocedor profundo de los clásicos y encargado de su recuperación y publicación integral por sus vastísimos conocimientos teóricos, fue destituido, torturado y encarcelado por la burocracia stalinista acusado de contrarrevolucionario y agente del nazi-fascismo durante las grandes purgas desencadenadas a partir de 1937 en las que pereció casi la totalidad de la vieja guardia bolchevique que había hecho la revolución. De todos ellos, sólo dos murieron en la cama: Lenin en 1924, pero muy apartado de la política desde un año antes por su quebrantada salud, y Stalin, el único superviviente a comienzos de los '40. Recordemos que en 1935 se paralizó la publicación de la Obras Completas y que Riazanov continuó por su cuenta en ruso, pero su detención cortó de cuajo el proceso.
Para entonces ya estaba en su cenit el debate sobre las obras juveniles de Marx en las que atacaba con una implacable dureza cualquier práctica burocrática y a todo Estado en sí mismo por lo que significaba y suponía. También era muy incómoda para la burocracia la crítica marxista al expansionismo internacional zarista, política que el stalinismo empezó a imitar desde finales de los '20 cuando depuró la III Internacional y comenzó a pactar con las burguesías europeas. Estos textos fueron sistemáticamente ocultados en las ediciones sucesivas e incluso en una fecha tan tardía como finales de los '60 las ediciones de la RDA, las mejores en calidad, las excluían del catálogo de Obras Completas y las editaban en pequeño número en textos aparte, perdidos en la totalidad de otras muchas ediciones y en la masa de las estanterías. El "testamento de Lenin" sólo se conoció y muy limitadamente después del XX Congreso del PCUS cuando Kruschov reconoció los "crímenes del stalinismo" y el "culto a la personalidad", a finales de los '50.
Esta restricción en las publicaciones marxistas en la URSS coincidía además con la destrucción total de los partidos que tenían algo que ver con la publicación de textos marxistas, en muy especial grado las organizaciones izquierdistas escindidas de la socialdemocracia alemana y austríaca, a manos del nazismo en 1933-35. No podemos minusvalorar ese golpe demoledor porque varias decenas de estudiosos y sobre todo de viejos militantes que habían conocido personalmente a Engels y Marx y que guardaban correspondencia personal con ellos, o textos desconocidos, fueron detenidos y exterminados, o tuvieron que sumergirse en una plomiza ultraclandestinidad para emerger durante en 1945-47, ya que desde 1948, con la guerra fría y el anticomunismo, volvió a cerrarse la puerta de la investigación y difusión teórica.
Mientras tanto, en la URSS el marxismo era substituido por una mezcla de escolasticismo y hagiografía de los textos de Stalin, con unos toques o dosis de marxismo originario aportado por textos de gran valía como los "Grundrisse", "Dialéctica de la Naturaleza" y alguno más. En 1938 se publicó el oficial y novedoso "Historia del PC(b) de la URSS", atribuido a Stalin y que aparece en la edición oficial de 1947 de sus Obras Completas en el volumen XIV. Este texto fue inmediatamente convertido en la biblia stalinista a pesar de sus toscas mentiras y ausencias de hechos y personajes determinantes para comprender la historia verdadera, aunque no podemos extendernos aquí en su crítica. Ya para entonces, la "doctrina oficial" había sido expurgada de cualquier texto clásico marxista que contradijera o cuestionase débilmente la teoría oficial del "socialismo en un sólo país", del "Estado socialista", del determinismo económico como motor de la historia, de la reducción de la dialéctica a una simple receta formal y castrada de su esencia crítica, revolucionaria y procesual, etc.
Una parte del texto tuvo especiales efectos perversos de muy larga duración: las páginas dedicadas al materialismo histórico y materialismo dialéctico. Este capitulito fue inmediatamente convertido en opúsculo de formación "teórica marxista" obligatoria para y en todos los partidos de la III Internacional. Simultáneamente a la aparición de la "Historia..." empezaron a proliferar los compendios en un volumen de varios escritos sobre el mismo tema de Marx, Engels y Lenin: sobre el campesinado, la cuestión nacional, el internacionalismo, los sindicatos, la cultura, etc. Este método tenía una cualidad y dos defectos: la primera, que ponía a disposición pública diversas opiniones sobre el mismo tema; y los dos defectos: uno, los textos estaban descontextualizados y desconexionados del presente y, otro, que eran las necesidades tácticas y los dirigentes quienes decidían qué se publicaba y qué no. Se generalizó así un método de análisis muy diferente al que habían aplicado Marx y Engels, que era el de la totalidad y la sistematicidad, el de la historización y ubicación concreta, el de las interrelaciones entre los problemas y el de las contradicciones internas de las cosas, el de la crítica rigurosa y el de la libertad de debate y discusión... método que analizaremos después.
La publicación de la "Dialéctica de la Naturaleza" en 1925 y de los "Grundrisse" en 1939-41, que eran los manuscritos preparatorios de "El Capital" y de otras investigaciones, pudieron haber servido para reorientar la situación, pero no fue así. El impacto de la "Dialéctica..." fue grande entre los científicos soviéticos y aunque el avance de la ciencia superó muy pronto los ejemplos de Engels provenientes de la década de 1870, como reconocía Riazanov, su filosofía de fondo está siendo confirmada por la nueva gnoseología científica. Pero su impacto fue nulo fuera de los centros científicos, muy aislados de la sociedad, ya que para finales de la década de 1920 la crítica y la creatividad teórica, elementos centrales de la dialéctica, eran un peligro para la burocracia. Surgió así una contradicción que se agrandaría con los años: la sorprendente capacidad soviética en la llamada "ciencia pura" y su pobre desarrollo tecnoproductivo y cultural. Contradicción que no podemos desarrollar ahora pero que fue una de las causas determinantes de su agotamiento paulatino desde comienzos de los '70.
La aparición de los "Grundrisse" fue un éxito efímero pues la II Guerra Mundial destruyó toda la edición excepto dos volúmenes que pudieron llegar a Estados Unidos y que sirvieron para una reedición por su calidad, pues la edición de 1953 en la RDA tenía muchas deficiencias y fue muy corta. Los "Grundisse" empezaron a conocerse con algún rigor en los '60 pero fue en 1968 cuando Rosdolsky publicó en alemán su bello e imprescindible "Génesis y Estructura de El Capital de Marx. (Estudio sobre los Grundrisse)", tras 20 años de estudio de uno de los dos volúmenes salvados del desastre, encontrado en una biblioteca neoyorquina en 1948. La importancia de los "Grundrisse" radica en que su lectura, por un lado, ahorra un enorme esfuerzo indirecto en la comprensión del método dialéctico de Marx y, por otro, en que aporta, como todos sus manuscritos, epistolario y estudios de historia concreta, una impresionante y rica cantera de ideas vitales en muchos aspectos.
Lenin, tras leer con apasionante sistematicidad a Hegel, dijo con harta razón que para comprender "El Capital" había que manejar al dedillo la "Lógica" de Hegel y que por tanto muy pocos habían comprendido "El Capital". Con los "Grundrisse" el lector se puede ahorrar ese duro pero al final muy gratificante esfuerzo de acceder a uno de los libros angulares del saber humano como es la "Lógica", además de conocer al detalle la fascinante maquina mental de Marx.
Desde 1945 y especialmente desde 1948, la guerra fría y las nuevas purgas desatadas por Stalin, y que no pudo concluirlas al ser presumiblemente envenenado por sus más próximos colaboradores que con razón temían por su vida, endurecieron el dogma. Desde entonces y hasta finales de los '60 la inmensa mayor parte de la "teoría marxista" era made in URSS. Exceptuando pequeños grupos trotskistas esparcidos por medio mundo y aún más reducidos grupos luxemburguistas y consejistas confinados a la semiclandestinidad en Alemania Occidental y centros universitarios de países norteeuropeos, el cordón umbilical que alimentó a decisivos procesos revolucionarios como el chino, el vietnamita, el cubano, el argelino, etcétera, fue stalinista.
Por ejemplo, el PCCH y el propio Mao se formaron teóricamente gracias a tres textos ya citados: el "Manifiesto Comunista" que tuvo una edición en lengua china y tres en japonesa, el de Kautsky "La Doctrina Económica de Carlos Marx" y el de la "Historia...". Naturalmente, y como se aprecia con total nitidez en su obrita "Cuatro Tesis Filosóficas", Mao había estudiado la filosofía dialéctica china que, empero, tiene menos potencia intelectual y crítica que la dialéctica hegeliana. Por su parte, Ho Chi Min y los comunistas vietnamitas se formaron tanto en las academias soviéticas como en las tesis stalinistas del muy stalinizado PCF. Para acabar, Castro desconocía en buena medida el marxismo hasta muy tarde, cuando aprendió su versión soviética, pero no así el Che en amplia base y no precisamente stalinista.
Todos estos procesos revolucionarios y la misma dinámica europea aprendieron de los célebres "Manuales" de la Academia de Ciencias de la URSS, y de Ediciones Progreso. Pero también los PCs de la III Internacional publicaron sus manuales, teniendo especial repercusión negativa el célebre del francés Politzer, fusilado por los nazis, "Principios Elementales y Principios Fundamentales de Filosofía", de reiteradas ediciones desde 1949. Este como otros manuales reducían la dialéctica y el marxismo originario a un mero sistema formal compatible con la ciega obediencia, totalmente antidialéctica, exigida por el stalinismo. Manuales como el de Politzer fueron decisivos para justificar a los nuevos militantes stalinistas las "razones teóricas" del tremendo giro a la derecha de todos los PCs oficiales después de la II GM, así como su mera fraseología revolucionaria pero práctica pasividad o colaboración de clase en la posterior guerra fría. También sirvieron para la sistemática denigración y desprestigio de las cada vez más numerosas organizaciones revolucionarias no stalinistas que poco a poco empezaban a romper el sistema de verdad dominante. Otros dirigentes dañinos en esta época fueron Togliatti, Dolores Ibarruri, Santiago Carrillo, Garaudy, etc.
No hay que olvidar tampoco la patética vida de Lukács, un pensador que fue revolucionario de joven, autor de imperecederos textos como "Historia y Conciencia de Clase" y otros, pero luego, tras "autocriticarse" bajo las presiones stalinistas, quedar en siempre escribidor de obras comunes como "El Asalto a la Razón" y de algo más de enjundia aunque abstractos como su monumental "Estética". Mientras tanto, Gramsci era tergiversado por el PCI y poco a poco, muy lentamente, el esfuerzo de pequeños grupos y editoriales lograban publicar textos inéditos de Marx y Engels o reeditar otros que estaban agotados. En esas condiciones no era de sorprender que un parlanchín de mucha labia y nulidad teórica absoluta como Sartre, un mito artificial creado por el herido orgullo francés, escribiera el insoportable "Crítica de la Razón Dialéctica", o que, al poco tiempo, empezasen a proliferar los textos sobre la complementariedad entre cristianismo y marxismo a la sombra del Compromiso Histórico del PCI y de su hijo, el eurocomunismo. La dogmática stalinista no tenía mucha calidad para oponerse al imposible absoluto de declararse religioso y marxista a la vez. Ya para entonces estaba en su apogeo el debate entre el PCUS y el PCCH con mucho ruido y pocas nueces teóricas por venir ambos del mismo progenitor. En realidad, todo este enjambre ocultaba una descomposición interna incontenible que ya hemos analizado en otros textos.
La putrefacción teórica del stalinismo tardío era manifiesta a mediados y finales de los '60 y es esa crisis de donde surgió, como el canto del cisne herido, la moda-Althusser. Sacristán, con razón, definió al althusserismo como "hinchada vaciedad" al compararlo con la impresionante obra de Zeleny "La Estructura Lógica de 'El Capital' de Marx", publicada en checo en 1962, en alemán en 1968 y en castellano en 1974. El althusserismo, que es más que el estructuralismo, con su pretensión de cientificidad, de no-subjetividad, de superación "definitiva" del "pecado de hegelianismo" de Marx y de estricta separación quirúrgica entre el "Marx maduro" y el "Marx joven" causó una suicida e injustificada euforia en el reformismo teórico europeo, antesala de su hundimiento definitivo. Para no extendernos, recordemos el impacto que tuvo el famoso texto de Harnecker "Los Conceptos Elementales del Materialismo Histórico". El althusserismo, pepito grillo maoísta del eurocomunismo, fue destrozado fácilmente no sólo por los trotskysta, también por otros marxistas no dogmáticos, dialécticos, que se habían formado en ese conglomerado alternativo al stalinismo que Andersson definió como "marxismo occidental".
Para finales de los '70 era imparable la recuperación del marxismo originario y su creciente prestigio en las ramas más novedosas del pensamiento crítico. No hace falta hablar de Samim Amin, Wallerstein y otros muchos. Incluso el no-marxistas confesos como Braudel, se dio un palpable acercamiento a Marx y un rechazo explícito del estructuralismo, evolución muy limpia entre su primera gran obra "El Mediterráneo y el Mundo Mediterráneo en la Época de Felipe II" publicada en 1949, y su segunda gran obra editada en 1979 "Civilización Material, Economía y Capitalismo". Sin embargo, este auge no podía detener la descomposición del stalinismo tardío incapaz de explicar qué sucedía en el "socialismo realmente existente".
Por su parte, en una época tan reciente como 1983 se editaron algunos textos económicos de Marx y, hasta ahora, por último, en 1988 se publicaron en la todavía RDA los "Manuscritos de 1863-65" de Marx, imprescindibles para entender sus penúltimos avances teóricos, que sentaron la base para la decisiva y nunca bien comprendida "Carta a Vera Zasulich" de 1881, que pertenece al desconocido "Marx tardío". Un desconocido que presumiblemente lo seguirá siendo si, como se comenta, los varios paquetes de hojas manuscritas guardadas en Berlín, Leipzig y Moscú pueden ser vendidas al mejor coleccionista burgués internacional tras la desaparición del "socialismo realmente existente".
En resumen, el marxismo originario sigue aún sin ser conocido en su totalidad material y teórica. ¿Cómo puede fracasar una cosa que aún no ha terminado de ser editada, conocida, estudiada, criticada y aplicada? "
Hasta aquí el texto de Iñaki. Es claro que su pregunta final nos conduce a la última parte de esta ponencia. A la que trata de la reconstrucción de la alternativa comunista. Porque es claro que esa reconstrucción que ya está iniciada debe perfeccionarse y completarse realizando, entre otras cosas, un esfuerzo muy serio y deliberado por editar, conocer, estudiar, criticar y aplicar el marxismo originario. Máxime cuando, como hemos visto ya también en esta ponencia, el distanciamiento, el desconocimiento o el enfrentamiento con el marxismo originario ha sido una de las causas eficientes del fracaso de aquellos cuatro socialismos que hemos reseñado.
5. La reconstrucción de la alternativa comunista y la actual oleada de luchas